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19 de junio de 2016

Fricción, un tema a considerar en la guerra y en la competencia

 

El libro de estrategia Warfighting, de la Infantería de marina de los Estados Unidos, dedica un espacio al concepto de fricción. Un concepto muy relevante al llevar a cabo la estrategia y las tácticas asociadas a la misma. Porque, tanto en la guerra como en la competencia entre  empresas, levar a cabo la estrategia es fundamental. Una estrategia brillante, pero que no se pudo ejecutar es de muy poco valor.

El cuerpo de Infantería de marina de EEUU define la fricción como “una incontable cantidad de factores que hacen la guerra muy difícil”. “La esencia misma de la guerra (competencia) como un enfrentamiento entre voluntades opuestas, crea fricción. Es crítico mantener en mente que el enemigo (competidor) no es un objeto inanimado, sino una fuerza independiente y animada. El enemigo (competidor) busca resistir nuestros propósitos e imponernos  los suyos. Es esta interacción dinámica entre su voluntad y la nuestra lo que hace la guerra (competencia) difícil y compleja. En este entorno, la fricción abunda.”[1]

Aplicando este concepto a la competencia en el mercado, se pueden distinguir algunos tipos de fricción:

1.       Mental, por ejemplo en la indecisión sobre cuál es la mejor estrategia o sobre el modo de aplicarla en un caso concreto o sobre cuál táctica es la mejor para que la estrategia se cumpla.
2.       Física, como las características del mercado o las  características del nicho en el que se compite
3.       Externa, impuesta por las acciones del competidor, por la fortaleza del mismo, el entorno o la mera casualidad
4.       Auto inducida, por factores como la falta de metas claras, falta de coordinación, planes confusos o complicados, organización complicada  de su estructura o de las tareas, indefinición de los tramos de autoridad así como sistemas de comunicación complicados o deficientes.

Muy en el estilo de los Marines, el manual dice que, aunque hay que tratar de minimizar la fricción, lo más importante es tener la capacidad de combatir (o competir) efectivamente en un ambiente de fricción. Y, en su opinión, el medio para superar la fricción es la voluntad, la persistencia y fortaleza de mente y espíritu. Y, por supuesto, causarle al competidor tanta fricción que lo desestabilice o lo paralice.

En nuestro medio empresarial, hay otros elementos que considerar. La falta de costumbre de obtener, validar y aprovechar información de alto valor agregado agrega un aspecto más de fricción, tomando decisiones con supuestos no suficientemente validados que nos llevan a indecisión o decisiones erróneas. Un área donde se requiere de mucha mejora: salirnos de la cultura del chisme y tomar decisiones con la mejor información disponible y la mejor interpretación posible de la misma. Porque, como se dice mucho, en el siglo XXI, el problema ya no es el acceso a la información. El problema es su validación y, sobre todo, su interpretación.

Otro generador de fricción es la superficialidad en el diseño y construcción de la estrategia. Limitarla a un evento de fin de semana, que genera documentos que después no se usan en la toma de decisiones. Y que se revisan solo una vez al año o en ocasiones hasta cada tres años o más. Muchas veces seguimos el último procedimiento de moda, generamos algunos materiales para nuestra página web y en eso queda todo.

La falta de congruencia entre las actividades de las áreas es otro poderoso generador de fricción. Sigue costándonos mucho trabajo dejar de trabajar como silos y actuar con un enfoque de sistemas. Es inmenso el esfuerzo desperdiciado en esas guerritas feudales que se dan en las empresas.

Naturalmente, usar los conceptos militares para la administración, es una metáfora que tiene sus limitaciones. Hay que entenderlas. La estrategia militar nos puede dar puntos de  vista interesantes sobre la competencia entre empresas. Nos puede ayudar a construir una mentalidad estratégica. De nosotros depende usar estas lecciones con sabiduría.




[1] Warfighting, The United States Marine Corps. Courrency Doubleday, New York 1994, página 5. (La traducción es mía)

3 de febrero de 2016

Información es poder. ¿En serio?



Creo que será muy raro que alguien diga que información NO es poder.  Sin embargo, a la hora de los hechos, el tiempo y los recursos dedicados a captar y usar la información no están en relación con esa percepción del poder que da el estar bien informado. ¿Por qué?

No es raro encontrar a gerentes de empresa que se cuestionan si se requiere usar información de alto valor. Después de todo, dicen, la información es gratuita. Está en el Internet. Solo es cuestión de sacarla. Y, al menos en mi experiencia, la empresa se queda con la impresión de que tiene el poder que le da la información, pero su nivel de conocimiento está muy rezagado en comparación de lo que tienen algunos de nuestros competidores globales. Y es nuestra culpa. Nuestro subdesarrollo en este, como en otros temas, no es casualidad. No es por qué, como dice el Himno: “En el cielo tu eterno destino, por el dedo de Dios se escribió: México será subdesarrollado”. Nos lo hemos ganado.

Habría que empezar por el comentario sobre la información gratuita. Sí, la información del Internet es gratuita, siempre que tu tiempo no tenga costo. Cuando buscas información y no la encuentras, tienes que buscar nuevas fuentes, nuevos descriptores, nuevos modos de presentarla. Y eso ya no es tan gratis.  Pero si te pasa lo contrario, si encuentras que en un tema hay millones de datos, y eres el buscador promedio, lees los cuarenta primeros títulos, lees 5 documentos y das por terminada tu búsqueda. No tienes tiempo de más. Y tu probabilidad de usar información incorrecta también tiene costo.

Luego está el tema de la validación de los datos. ¿Cómo saber que recibes información completa y sin modificar? No hay ley que prohíba poner información errónea en el Internet. Ni nadie que la vigile. Sí, hay sistemas profesionales de bancos de datos que garantizan que recibes información validada. Por ejemplo, Information Handling Services o el sistema Dialog. Pero, claro, eso tiene un costo. Y no es bajo, pero lo vale.

Pero, aún en este nivel, falta analizar esa información ya validada, para convertirla en conocimiento. ¿Cuál es la importancia de la información? ¿Cuál es su sentido, su significado? ¿Qué consecuencias tendrá a futuro? ¿A qué decisión me lleva? Preguntas que son relevantes, si quiero que la información, convertida en conocimiento, sea poder.

Y, en este nivel, todavía no hay sistemas automatizados que hagan la tarea por nosotros. Y, cuando los haya, no serán baratos. En las empresas más avanzadas, ya se está teniendo un nuevo tipo de directivo, el Chief Analitics Officer (CAO), el principal oficial de analítica, un puesto que está sustituyendo al Chief Information Officer (CIO).

De acuerdo con los expertos, la mayoría de las empresas están en el nivel de la Analítica Descriptiva (Analitics 1.0) con sistemas transaccionales. El software de nómina, de control de almacén son ejemplos típicos de este nivel. Unas cuantas empresas, ya están en sistemas integrados de análisis de datos del tipo del ERP y CRM, por ejemplo,  con sistemas de alerta y una analítica integrada. Estos expertos llaman a este nivel: Analítica Predictiva o Analitics 2.0

Además, de acuerdo a esos expertos y a quienes predicen las nuevas tendencias tecnológicas, lo que sigue es el uso de inteligencia artificial para tomar decisiones de manera automatizada o, al menos, presentar opciones validadas, sustentadas y priorizadas para que el tomador de decisiones ya solo dé la aprobación final. Este sería el nivel Analitics 3.0, analítica prescriptiva. Esto, combinado con el Internet de las cosas, podría cambiar mucho el modo como manejamos los negocios.

Pero: Hoy, hoy, hoy como dijo algún político famoso, hay que actuar con lo que tenemos. Y lo que tenemos en la mayoría de las empresas es: un acceso casi ilimitado a la información, escasas habilidades de selección y validación y, sobre todo en empresas grandes, una capacidad decente de interpretar a esa información. Las empresas medianas y pequeñas son otra historia. Y aún en las empresas grandes, los casos pueden ser muy variados. Conversando sobre este tema con el CIO de una de las grandes empresas mundiales, que tiene una fuerte presencia en México, me dijo algo iluminador: “Yo ya tengo todo el Hardware de última generación. También tengo lo último y más poderoso en software avanzado. Lo que no tengo son decisiones.” Sí, hemos visto el tema como algo que depende de la inversión en hardware y software y hemos olvidado el “Humanware”, el talento humano. Y no hay dinero en el mundo que lo sustituya.

Concluyendo: casi todos creen que la información es poder. Pocos entienden a qué nivel esa información es verdaderamente valiosa. A qué nivel de valor agregado se tiene la capacidad de tomar decisiones poderosas. En el mejor de los casos gastamos en hardware y software. No estamos igual de dispuestos a gastar en información validada. Y, tristemente, olvidamos desarrollar el Humanware. Y así la información es de un valor mediocre. Consecuentemente, con esa materia prima, la estrategia será muy dudosa.

23 de agosto de 2015

Ventajas competitivas dinámicas: ¿Cuáles puede construir?

En una era de comunicaciones rápidas, muchas decisiones y cambios frecuentes, ¿Cuánto tiempo puede sostener sus ventajas competitivas? Al parecer todo conspira para que las ventajas competitivas duren cada vez menos. La velocidad a la que se difunde la información, la abundancia de datos disponibles en línea, y el fácil acceso de la tecnología se unen y dan un resultado: cada vez le van a copiar más rápidamente. La ventaja competitiva cada vez dura menos. Parece una carrera que nunca tiene un fin claro.

El gran problema en este ambiente es que el tiempo necesario para recuperar su costo de desarrollo de nuevos productos, descubrir de nuevos modos de dar soluciones a su clientela e innovar su modelo de negocio  antes de que su competidor lo copie, ese tiempo que significa posibilidad de recuperar la inversión, es cada vez menor. Y un empresario necesita recuperar lo que ha invertido para lograr su nivel competitivo.

Terrible, ¿No? Es el mundo de la Hipercompetencia que describe D’Aveni[1]. Y, si recuerda Usted, en un mercado hipercompetitivo las utilidades son mínimas, marginales. Pero es aún peor. Una vez que algún   competidor genera una nueva ventaja competitiva, a Usted no le queda más que adoptarla rápidamente. Lo que por un corto tiempo fue ventaja, al poco tiempo ya se volvió obligación: una condición para seguir en el mercado. En otras palabras: se volvió un costo. Hay quién dice que solo queda una ventaja competitiva sostenible: la capacidad de crear ventajas antes y más rápido que los demás competidores. No es del todo cierto, pero se acerca mucho.

Por supuesto, a usted no le queda mucho por hacer en este ambiente. Puede escoger ser el líder en innovación o ser un seguidor rápido. Si decide esto último, el nombre del juego es, precisamente la rapidez y además un músculo de mercadotecnia tal,  que le permita crecer más rápido que el innovador. Su ventaja competitiva será la rapidez en adoptar la nueva tecnología y tener los mecanismos necesarios de mercadotecnia para llegar más rápido a los clientes.

Otras ventajas serán necesarias: una excelente inteligencia competitiva, grandes capacidades de ingeniería inversa y acceso a expertos en patentabilidad e infringimiento de patentes, un tipo escaso de consultores que combinan capacidades jurídicas y tecnológicas que le permitan encontrar el modo de evitar ser demandado por infringir patentes. Complejo, pero posible. De hecho muchos lo hacen.

Otras ventajas dinámicas también están ligadas a  la rapidez. La capacidad de reacción; la posibilidad de atender a las urgencias, imprevistos y necesidades emergentes de sus clientes. Ellos también están sujetos a esta Hipercompetencia y necesitan un apoyo eficaz de sus proveedores. Otra: la flexibilidad. La capacidad de tomar decisiones rápidamente y no estar limitado por los usos y costumbres tradicionales en su Empresa.

 Finalmente hay quien dice que la última ventaja competitiva es la capacidad de análisis. Poder entender y hacer sentido de la situación de los negocios. Nada fácil, en medio de este diluvio de información que hace que la nuestra ya no sea la edad de la información, sino la era de la confusión. Y esa capacidad de hacer sentido, por cierto, es difícil de copiar: requiere una gran visión, capacidad de traducir esa visión en hechos concretos con gran rapidez así como un profundo conocimiento de los negocios. Un sistema que le permita actualizar constantemente su información.  Y la flexibilidad de estar rotando la visión a nuevos campos: lo que algunos le llaman ver el horizonte

Al final, el mensaje es: que todo lo que reduzca sus tiempos y le ahorre tiempo a su clientela, será valioso y apreciado. La dinámica será, me parece, el nombre del juego por mucho tiempo. Usted, amiga y amigo ¿tiene lo que se necesita para competir de este modo?




[1] Hypercompetition; Richard D’Aveni. Free Press, 2010