Este es un servicio de Antonio Maza Pereda a sus clientes y amigos; es un campo para discutir y aprender juntos sobre estrategia de empresa, compartir ideas, visión estrategica y opiniones para la mejora de nuestras empresas e instituciones. Para contactarme escríbame a antonio.maza.pereda@gmail.com
21 de octubre de 2016
¿Qué le pasa a Apple?
9 de octubre de 2016
¿En dónde está en riesgo su empresa?
El mundo de los negocios se ha vuelto un lugar
cada vez más turbulento. El rápido cambio tecnológico, los efectos de una
globalización cada vez más extendida, los efectos de las diversas crisis
económicas y otros muchos factores hacen que el concepto de "negocios como de costumbre"
sea cada vez más raro. La capacidad de respuesta rápida es una gran necesidad.
Más todavía, el concepto de resiliencia, la capacidad de recuperarse después de
un evento dañino y recuperar su situación original, es una de las necesidades
de las empresas. Por no hablar del concepto de anti frágil: la capacidad de terminar más fortalecido después de un
evento peligroso.
Son fortalezas que hay que desarrollar y que
pueden hacer la diferencia ante un ambiente como el actual. Indudablemente, lo
que se requiere es prever en la medida de lo posible los riesgos y tomar las
medidas adecuadas para evitarlos. Para ello se ha usado el llamado Análisis de Vulnerabilidad. Una idea
lejanamente emparentada con los análisis de escenarios, desarrollada por el
Stanford Research Institute para enfrentar crisis como las de la industria
petrolera, que generalmente han tomado desprevenidos a los mercados.
Como con los escenarios, se trata de ubicar
eventos dañinos que sean posibles.
Aunque se usa un concepto de probabilidad, en la práctica no tiene el rigor de
los métodos numéricos que se usan en administración.
El análisis empieza por ubicar los puntales de
la organización. Estos pueden ser
fortalezas, actividades, recursos o actividades clave, activos tangibles o
intangibles como prestigio, cultura, imagen u otros similares. Se trata de los
elementos fundamentales del negocio, aquellos que lo sostienen y le permiten
tener ventajas competitivas sobre los demás.
Una vez que sean localizados los puntales en una
tormenta de ideas, se busca cuáles son las amenazas que podrían dañarlos o
destruirlos. Por ejemplo, si el prestigio es un puntal, los escándalos
financieros, fallas fuertes en su tecnología, incumplimiento grave de sus
compromisos serían ejemplos de eventos que podrían dañar ese puntal. Así,
sistemáticamente, se van ubicando posibles amenazas que son las áreas de
vulnerabilidad del negocio. De hecho, puede ser que ninguna de ellas esté
ocurriendo pero son posibles.
Una vez obtenido el listado de amenazas, se
procede a evaluar cada una de ellas. Para cada amenaza se define el impacto que
tendría si ocurriera. Ese impacto puede ser catastrófico (impide seguir
funcionando a la empresa), severo (causa graves daños, impide cumplir con sus
compromisos mayores), moderado (pérdidas económicas que la empresa puede
enfrentar, pero que quitan recursos para otros temas más importantes), ligero
(evita que los funcionarios pongan toda su atención a los asuntos de la
empresa, por estar entretenidos atendiendo la amenaza) o nulo (la empresa
escasamente se da cuenta).
La interpretación de estos resultados nos
indica también cuáles deben ser las acciones de la empresa para atender esas
amenazas.
- · Alta probabilidad, alto impacto: hay que tomar medidas concretas para evitar la amenaza y debe ser incluida en el plan estratégico.
- · Alta probabilidad, bajo impacto: hay que crear reservas en dinero, tiempo o capacidades para atender la amenaza
- · Baja probabilidad, alto impacto: Estudiar a fondo, monitorear, crear planes de contingencia.
- · Baja probabilidad, bajo impacto: se atiende únicamente si llegara a ocurrir.
La filosofía de esta herramienta es la de prevenir las posibles
amenazas podría enfrentar la empresa, pero dándoles prioridades. No vale la
pena desperdiciar energías y recursos de la empresa tratando de atender todas
las posibles amenazas con la misma intensidad. Posiblemente, lo que tratamos de
evitar es estar en los posibles extremos: Tanto el de suponer que nada puede pasarnos
y encontrarnos con que la adversidad nos sorprende, en un extremo, como en el
otro teniendo una actitud paranoica tratando permanentemente de encontrar
dificultades y gastar tiempo y energías tratando temas que nunca lleguen a
ocurrir. Aunque es cierto que, como dice Andrew S. Grove de Intel, en los negocios solo los paranoicos
sobreviven. Pero no hay que caer en el extremo.
Una herramienta muy útil, muy cerca de los
conceptos de los escenarios y particularmente necesaria en una cultura de
negocios como la nuestra, que no se caracteriza por ser particularmente
previsora. Hagan la prueba, estimados estrategas. Les aseguro que no se
arrepentirán. Y si quiere más detalles, sólo díganlo y con gusto les ayudo.
28 de septiembre de 2016
La estrategia y su ejecución
Hay quien dice que la ejecución de la
estrategia es la parte aburrida de todo el proceso. En alguna manera tienen
razón. La parte de las grandes definiciones, construcción de escenarios,
revisión de diferentes opciones y la aplicación de análisis de diversos tipos
es muy atractiva. En la práctica, sin embargo, es muy rara la empresa que dedica
50 horas al año a definir su estrategia. En cambio, la ejecución de la
estrategia ocurre durante las más de 2000 horas hábiles con que se cuenta en un
año. Algo así como el 2.5% del tiempo total disponible se dedica a la
construcción de la estrategia y el resto a su ejecución. Por otro lado, si uno
consulta de las bibliotecas especializadas en línea así como a la compañía
Amazon, uno de los mayores vendedores de libros del mundo, se encuentra con que
el tema de la ejecución de la estrategia es menos del 10% de lo publicado,
comparado con lo que se publica sobre estrategia.
Claramente hay un desbalance. Da la impresión
de que se pensara que la ejecución ocurre un tanto en automático, sin necesidad
de mayor estudio o análisis. Y, en opinión de muchos expertos, el tema tiene
otros enfoques.
Cuando se
analizan las razones por las cuales falla una estrategia, es claro que una
parte falla por defectos en el proceso Pero es un caso raro. En términos generales,
los procesos de construcción de la estrategia son bastante conocidos y en
general son adecuados. Es más frecuente que el proceso falle por falta de
información confirmada y validada o por no haber incluido al personal de más
alto nivel o el más capacitado para esta tarea. Tal vez sea del 1% al 2% de los
casos. Por otro lado, muchas veces lo que falla es el entregable: los
documentos del proceso, los cuales pueden ser poco claros, con poca precisión
en cuanto al modo como se competirá, los campos donde se competirá, las
ventajas competitivas sostenibles que se utilizarán y otros aspectos similares.
Esto tal vez forme entre el 15% y el 20% de los casos. El resto, en algunos
casos hasta el 80% de las veces, la falla vienen de los defectos en la
ejecución. La falta de comunicación, de retroalimentación, la falta de
precisión y detalle así como la de supervisión,
son las razones por las cuales muchas veces la estrategia es ejecutada de un
modo deficiente.
En esto nos
encontramos dos bandos. Algunos "gurús alegan que la estrategia de la
parte fácil. Lo que es difícil -dicen -lo que te mata es la ejecución. Y en
parte tienen razón: no importa qué tan buena sea una estrategia, si no se lleva
a cabo es lo mismo que si no existiera. La estrategia no aplicada es
perfectamente inútil. Por otra parte, de nada sirve ejecutar a la perfección
una estrategia mal diseñada. En cierto modo, ambos tienen razón.
Cuando una
estrategia es correcta y es ejecutada de un modo excelente, es de esperarse que
se tenga éxito. Por otro lado, si la estrategia es incorrecta, pero se ejecuta
de un modo excelente, la propia implementación de la estrategia hace visible
cuales fueron las fallas en su diseño y puede dar aviso a tiempo para corregir
el rumbo. En cambio, si la estrategia era la correcta pero la ejecución fue
defectuosa, seguramente habrá fallas pero habrá un problema adicional: no queda
claro si la falla se debió a la estrategia o a su implementación. Y eso nos
puede llevar al desechar estrategias que eran muy adecuadas pero que no se
alcanzó a demostrar su valor debido a que se ejecutaron con descuido. Desde
luego, el peor caso es cuando tanto la estrategia como la ejecución estuvieron
equivocadas. En esas condiciones es muy difícil entender la falla y aprender de
ella.
En resumen:
siempre hay que cuidar la ejecución. Por supuesto, hay que crear las mejores
estrategias pero ser también particularmente cuidadosos de que la implementación
no tenga defectos. Y, desde luego, recordar que la estrategia no es una ciencia
exacta y que siempre hay que prever que la ejecución entregue información
precisa y oportuna para poder cambiar a tiempo una estrategia que no esté funcionando.
Asimismo, el diseño de la ejecución debe de ser muy flexible y tienen que estar
muy claros los indicadores de desempeño y, de ser posible, lo que se llaman
indicadores avanzados, que son indicadores que permiten prever las fallas antes
de que se presenten. Algo que es un verdadero arte. Si nuestros indicadores
sólo nos dicen la historia de lo que ocurrido, no tendrán el valor que tiene un
indicador que nos permita estimar que podría ocurrir en el futuro.
17 de septiembre de 2016
Estrategia e intuiciones: ¿Pueden mezclarse?
Recientemente tuve un amable diferendo con uno
de los hombres más respetados en el campo de la tecnología y en particular de
la innovación. Nuestra diferencia de opiniones tiene que ver con el hecho de
que la Estrategia muchas veces tiene que echar mano de una herramienta poco
científica: la intuición. Este gran mexicano argumentaba que frecuentemente yo
les proponía a las organizaciones hacer suposiciones que, muchas veces, no
están demostradas.
Puesto así, el asunto parece terrible. ¿Fincar
el futuro y la actuación de una organización en supuestos que no han sido
comprobados? Éste es un tema interesante. En cualquier caso de la estrategia,
sea empresarial, política o militar, siempre hay un campo de incertidumbre. Un
general decide su estrategia con muchos imponderables. Toma en cuenta la mejor
información disponible, aprovecha su conocimiento de otros enfrentamientos,
pero siempre tendrá que hacer alguna suposición. ¿Tuvo toda la información
necesaria? ¿Toda la información estaba validada? ¿Cuál es el ánimo de su
contrincante: tiene temor, siente una gran seguridad, está debidamente
preparado, ha entendido correctamente la situación? Como dijo el general
Schwarzkopf, poco antes del lanzar el ataque final en la primera guerra de
Estados Unidos contra Irak: "ninguna estrategia se sostiene después de los
primeros balazos”.
En el caso de mi diferendo, el asunto es más
complejo aún. La organización que estábamos comentando y la rama industrial a
la que pertenece están sufriendo un cambio de fondo. Están cambiando los
actores, está cambiando el modelo de negocio, está cambiando la normatividad e
incluso la propia tecnología está en un gran estado de turbulencia. En otras
palabras: las estrategias probadas y exitosas en el pasado, ya no son posibles.
Si nos imaginamos la estrategia como un conjunto de caminos entre nuestra situación
actual y una visión a largo plazo del futuro, esta organización se encuentra en
el caso de que los caminos desaparecieran. Es como si hubiera ocurrido una
combinación de temblores, inundaciones y huracanes hayan cambiado completamente
el entorno. Los antiguos mapas ya no sirven.
Al analizar las técnicas de solución de
problemas, se ven diferentes conceptos de los mismos. Por ejemplo, algunos
problemas son el resultado de una desviación de los métodos y procedimientos
que dan resultados. Otros pueden conceptualizarse como un obstáculo y la
solución del problema consiste en rodear el obstáculo o quitarlo del camino.
Hay otros tipos de problemas, pero uno particularmente difícil de enfrentar es
precisamente el problema que consiste en que no hay manera de continuar
resolviendo el tema del mismo modo, es decir, el camino ha desaparecido. Y es
en este caso donde el estratega debe de hacer suposiciones.
No se trata de cualquier tipo de suposición.
No se trata de ocurrencias. Se trata de "suposiciones educadas".
Suposiciones que están avaladas por la información disponible y por una sólida lógica
de negocio. En la implementación de esta estrategia, un punto crucial es tener
siempre claro que suposiciones se hicieron. Es inaceptable disfrazar las
suposiciones como si fueran hechos. Aquí se trata de utilizar lo que la
neurociencia llama "el cerebro izquierdo y el cerebro derecho". En
términos simples, poner en juego la Razón y la Intuición. Por otro lado, en la
implementación de esta estrategia, una de las primeras y más importantes tareas
es confirmar la validez de nuestra suposición. Si es posible, probarlos en
pequeña escala, asegurando que se puede dar marcha atrás sin pérdidas mayores,
sin poner todo el esfuerzo en ese intento.
Este concepto no es nuevo. Ya lo decía Peter
Drucker en uno de sus artículos fundamentales: "The Theory of Business”,
en el cual propone crear una teoría que explique lo mejor posible el
funcionamiento de un negocio, de un mercado o de una estrategia. Por supuesto,
no se queda uno con esa teoría. Continuamente la está retando, y está buscándole
fallas, y viendo en donde está equivocada. De acuerdo con el propio Drucker,
cada vez que uno encuentra un error en su teoría del negocio, es una
oportunidad para entender mejor su entendimiento del mismo y aprender algo
nuevo, algo que la teoría (que siempre está creada como un conjunto de suposiciones) no estaba
explicando.
Mucho más recientemente, el premio Nobel
Daniel Kahneman y el psicólogo Gary de Klein debatieron
en la prestigiada revista Mc Kinsey Quarterly precisamente este tema: En las decisiones estratégicas ¿puede usted
confiar en su intuición? Interesantemente, en su debate encontraron que coinciden
en muchos puntos. Por ejemplo, en la necesidad de asegurar que se tiene la mejor
información disponible y que la lógica con la que se construye la decisión
estratégica es la adecuada. Proponen también, hacer una "pre
autopsia" de esa decisión intuitiva, buscando todos los modos como podría
fallar y asegurándose de que se han cubierto todos los puntos necesarios. Y ambos
coinciden en el peligro de la soberbia, que nos lleva a creer que somos infalibles
y que nuestros supuestos siempre son correctos. Al pie de este artículo, les
pongo la liga para acceder al documento original de este debate.
En conclusión, estimados estrategas, hay que
aprender a utilizar la intuición, hay que educarla, hay que reforzarla con la
mejor información posible y con una cuidada lógica de negocios. Además, hay que
comprobar qué funciona en la realidad y tener preparado el modo de aprender de
las fallas de nuestras intuiciones. Entender por qué fallaron: ¿Información?
¿Implementación? ¿Lógica? Y estar seguros de que hemos aprendido de cada falla.
8 de septiembre de 2016
Amazon: un caso raro
Los casos de las empresas punto com han
resultado muy diferentes de los de las empresas tradicionales. Consideradas
como un nuevo tipo de economía, estas empresas tuvieron un crecimiento muy
fuerte en las bolsas de valores, fundamentalmente en el índice de la NASDAQ.
Esta burbuja tuvo un colapso, bajando el NASDAQ de un valor de 5000 puntos en
marzo de 2000 a llegar a un valor de 1300 en octubre de 2002. Después de esa
caída, esa Bolsa de Valores tardó hasta marzo de 2015 para volver a llegar a
ese valor de 5000. Este comportamiento ocurrió en buena parte por no tener
claridad respecto al modelo de negocio aplicable a este tipo de empresas.
Empresas como Yahoo, con millones de personas
inscritas, no tenían un modo claro tener ingresos, debido a que su inscripción
es gratuita. Algo parecido ha ocurrido con Google, Twitter, Whatsapp, YouTube,
Facebook y otras, que dan una cantidad importante de servicios gratuitos.
Actualmente, sus utilidades proceden fundamentalmente de la venta de
información y otros servicios "premium”.
Como resultado interesante de
esta situación, se profundizó en el estudio y la investigación sobre los
modelos de negocios. Antes de esta crisis, esa no era una preocupación mayor,
dado que los modelos de negocios tradicionales tenían pocas variantes. Al
introducirse otros tipos de negocio las preguntas fundamentales de los modelos
de negocio no tenían una respuesta clara. Estas preguntas, por supuesto, son:
¿Cómo se genera valor? y ¿Cómo se captura valor?
El caso de Amazon es interesante. Finalmente,
su modelo de negocio es uno de los más parecidos a los tradicionales. Es un
modelo comercial, que genera valor al adquirir sus mercancías en gran volumen y
a costo bajo así como revendiéndolas con un margen que permita generar
utilidades. Simple ¿no? La diferencia, está en el mecanismo de comercio
electrónico, que requiere una logística compleja y, dado que involucra entrega
a domicilio, asume un alto costo de logística, sobre todo el costo del
"último kilómetro".
Amazon se inscribe en el NASDAQ en 1995, año
en el que no tiene utilidad. Para el año 2000 entra en quiebra, definida como
tener valor negativo en su capital contable. Tarda cinco años para salir de la
quiebra, es decir, tener capital contable positivo. De ahí en adelante ha tenido
años buenos y años malos. Los últimos cinco años son muy ilustrativos:
- Sus ventas crecen 2. 23 veces de 2011 a 2015. Las utilidades, en cambio, bajan 4% en ese mismo período. El activo sube 2.59 veces, su pasivo sube 2.97 veces y su capital sólo sube 1.73 veces. En otras palabras, necesita tener más activo para tener ese crecimiento, y dicho activo ha sido financiado básicamente con deuda, ya que el capital contable crece menos que las ventas y que el activo.
- En el promedio de ese período, su retorno sobre activo ha sido de 0.5% y su retorno sobre capital ha sido de 2.4%. Podría preguntarse por qué un inversionista racional estaría dispuesto a ganar un interés tan bajo. La respuesta podría estar en el hecho de que los intereses que dan los bonos del tesoro en Estados Unidos son muy bajos y, probablemente mucho más importante, el precio de las acciones de Amazon ha crecido por encima de estos valores. De 2011 a 2012, el precio de la acción se mantuvo en aproximadamente $213 la acción, aunque una buena parte de ese período se mantuvo por debajo de ese valor. A finales de 2014 su precio estaba en $310. En 2015 y lo que va de 2016 es el valor ha ido creciendo hasta llegar a $772 en los días pasados. Y las utilidades del primer semestre de 2016 son mayores que la suma de los cinco años anteriores.
¿Qué ha hecho posible este cambio? La empresa
estaba ganando un retorno sobre el capital de 2. 4 %, la quinta parte del
promedio del SP500. Su retorno sobre activo era de 0.5%, mientras que las
compañías que distribuyen los productos de Amazon, como UPS por ejemplo, tiene un retorno
sobre activo del 12.5%. Claramente, su modelo de negocio genera mucho valor,
pero no puede retenerlo debido al alto costo de su operación, en particular el
de logística. Eso, claramente, no ha cambiado.
Sin embargo, lo que sí ha cambiado es la
composición de su portafolio. Mientras que en el 2011 el 87% de sus ventas
venían de productos, en 2015 era el 75% y en el primer trimestre de 2016 era el 70%.
El balance, viene de servicios, que no tienen un alto costo de logística. Otros
conceptos han ayudado a capturar valor, al simplificar y reducir el costo de
logística. Por ejemplo, el fuerte impulso a los libros electrónicos, que tienen
un costo de logística prácticamente de cero. El concepto de "click and
pick”, pedir y recoger, mediante el cual se puede ahorrar el costo del último
kilómetro. También la oferta de servicios Premium e incluso la investigación y
desarrollo del uso de drones para facilitar la entrega.
Es aún muy pronto para decir si esta mejora
será sostenible. Pero claramente se está teniendo un cambio estratégico que
está fundamentado en una evolución de su modelo de negocio. Su estructura de
costos está cambiando, su dependencia de sus aliados logísticos está
reduciéndose, lo cual podría conducir a costos aún más bajos de entrega, y sus
habilidades clave de investigación y desarrollo y de creación de nuevos
servicios serán cada vez más importantes. Como lo será el desarrollo aún mayor
de su analítica de grandes números (big data) que le puede generar nuevos
mercados y la venta de información valiosa.
¿Dónde está la lección? El estratega debe
estar dispuesto a modificar su estrategia, a modificar su modelo de negocio si
no está respondiendo al entorno empresarial. Obviamente, siempre hay un peligro
en cambiar de estrategia. Pero también es claro que continuar una estrategia
que no funciona, es algo extremadamente riesgoso.
10 de agosto de 2016
Mi estrategia es seguir las buenas prácticas. ¿De veras?
Por muchas razones, me toca revisar o conocer estrategias
elaboradas por diferentes empresas. Con frecuencia me encuentro que las estrategias
que se proponen son un listado de buenas prácticas. Lo cual parece tener
sentido. Si seguimos las buenas prácticas, estamos del lado de lo seguro, de lo
probado, de lo que ha funcionado. ¿No es así? Bueno, yo estoy del lado que
no cree que así se deba construir una
estrategia. Déjeme decirle por qué.
Lo primero es el concepto de la estrategia. Más
allá de una definición de diccionario, es importante el concepto militar y de
negocio del término. Entendemos por estrategia las ventajas competitivas sistémicas
y de largo plazo. Las buenas prácticas son las que siguen los líderes,
el consenso del mercado. Si usted las tiene, tiene ventajas sobre los
competidores malos, pero no sobre los competidores mejores. Es un poco como el Benchmarking. Si usted busca legar al Benchmark del líder, solo logra ser un
buen seguidor. Claro, no falta quien diga: “pero no hay muchos que llegan a las
buenas prácticas”. Cierto, pero si el mercado las exige, todos las van a tener.
Y, además los verdaderos estrategas estarán buscando crear nuevas ventajas, sin
dejar de cumplir con las buenas prácticas.
Algunos
ejemplos. Uber no nace de adoptar
buenas prácticas de los sitios de taxis. Crea nuevas ventajas competitivas que
se salen de las prácticas de los demás competidores. El Cirque du Soleil no adopta
las buenas prácticas de otros circos o del teatro de revista. Su ventaja es
hacer las cosas de un modo diferente, un modelo de negocio distinto, difícil de
copiar y que ha dado ventaja por años.
El concepto de
Buenas Prácticas nace en la manufactura y en alguna medida en las casas de auditoría
donde se aseguran que las empresas siguen las reglas generalmente aceptadas. En
la manufactura uno es, en cierta medida, esclavo de Mamá Naturaleza. Y, además,
ahí el orden de los factores sí afecta al producto. Hay un modo mejor de hacer
las cosas. Pero en otros campos de los negocios, eso no es así. Sí hay buenas
prácticas en lo operativo, pero en lo estratégico, el ser impredecible, salirse
del cuadro es uno de los modos de generar estrategias ganadoras.
3 de agosto de 2016
¿Tiene su empresa objetivos estratégicos?
Esto es algo que parece tan
obvio, tan sencillo que no se enseña, no se explica. Se supone que todos saben
lo que es un objetivo. Y, en mi experiencia y las de muchos practicantes o
teóricos de la estrategia, no es así: con
frecuencia se falla en tener objetivos realmente estratégicos.
El tema es importante, porque si aceptamos
que la estrategia es el modo cómo se
cumplen los objetivos sistémicos y de largo plazo, y esos objetivos están mal
construidos, no hay modo de crear una buena estrategia.
No es raro oír decir en las
empresas cosas como estas: “Nuestro objetivo es cumplir con el presupuesto” O
sea, no importa cuál sea el presupuesto, como se construyó, que supuestos
utilizó, ese presupuesto es casi sagrado. Se debe cumplir a toda costa. La
realidad es al revés: el presupuesto debe ser la expresión financiera de los
objetivos estratégicos y de los costos de la estrategia. Y lo importante es
cumplir los objetivos; el presupuesto es solo un modo de medir su cumplimiento.
Imagínense una empresa que creó
un presupuesto y lo cumplió. Pero no logró sus objetivos de largo plazo. No
gastó más de lo presupuestado, cumplió con las ventas presupuestadas. Pero
perdió posicionamiento, creció menos que la competencia, perdió miembros de su base de
clientes y no retiene a sus clientes nuevos, no se ha actualizado en su tecnología
de producto… ¿Le servirá haber cumplido con el presupuesto? Un poquito, nada
más.
Con frecuencia, el énfasis está en el presupuesto de egresos. Y si este
no tiene un enfoque de largo plazo, las empresas se dedican a aprovechar sus
capacidades actuales sin considerar las necesidades que tendrá en el futuro.
¿Qué opinaría usted de un general que nos dijera: “Mi objetivo es que no se
acaben las balas antes de que termine la batalla?”. Por supuesto, es importante
que no se le acaben las balas. Pero eso no es el objetivo. A corto plazo, en lo
táctico, su objetivo es ganar la
batalla. A largo plazo es ganar la guerra. Y más aún: el tema realmente estratégico,
el objeto, es qué clase de paz quedará una vez que gane la guerra.
Otro error muy común es generar
objetivos estratégicos de actividad. Recientemente intervine en una empresa que
decía: “Nuestro objetivo es dar servicios de mantenimiento.” Es claro, es
medible, pero es una actividad, no un resultado. Es más: es una descripción de
lo que hace. Y, a menos que haya un cambio mayor, siempre lo cumplirá. No
importa si hace mucho o poco. Algunos lo justifican diciendo que eso es el
objetivo general y que después vendrán los objetivos específicos. La realidad
es que un objetivo así sirve de muy poco. Aunque se le pongan números para
especificarlo.
La regla no es
compleja. Los objetivos estratégicos expresan resultados sistémicos y de largo
plazo. Si no son sistémicos o no son de largo plazo, son objetivos tácticos. Y
si son objetivos de actividad, son objetivos operativos.
Un ejemplo.
Supongamos que un centro de investigación y desarrollo tiene como un objetivo estratégico
tener permanentemente investigadores reconocidos a nivel mundial por sus resultados de investigación.
A nivel objetivo táctico podría considerar tener personal certificado por
organismos internacionales relevantes. Y a nivel operativo, estar enviando a su
personal a cursos, congresos y actividades formativas.
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