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22 de diciembre de 2015

Alza de intereses: ¿cuál es el escenario?


El pasado 16 de Diciembre el Sistema de la Reserva Federal de los EEUU, dio una noticia que podría ser la noticia estratégica del año. Por primera vez desde 2006, anuncia un aumento de la tasa de interés de referencia, la tasa a la que se le presta a los bancos. El aumento es modesto, un mero 0.25%. Prácticamente al día siguiente, el Banco de México hizo exactamente el mismo incremento en las tasas, con el argumento de evitar, mediante ese aumento, la fuga de capitales.

El razonamiento para el aumento de tasas en EEUU es la mejora modesta, pero real de la economía de ese país. Una mejora de alrededor del 2%, un aumento del empleo, con la creación de aproximadamente 200,000 empleos mensuales y una tasa de inflación moderada, fueron los argumentos citados. Se insistió en que esto está a prueba y que podría haber nuevas variaciones en cualquier sentido. Así, la tasa de referencia, que era de entre 0% y 0.25%, será ahora de entre 0.25% y 0.50%.

La reacción al cambio ha sido moderada. El día del anuncio, el índice SP500 subió a 2075, mientras que el día 15 estuvo en 2043; en los días siguientes hubo una baja y el índice cerró el día 18 en 2006 y empieza esta semana con un aumento que lo lleva a 2015.  Este comportamiento es influido por múltiples factores, así que es difícil decir si estos movimientos son debidos únicamente al cambio en la tasa de referencia. Pero este anuncio sí termina una larga época de especulaciones en los índices de las bolsas, que se paralizaban en cada reunión de la Reserva Federal, esperando movimientos bruscos.

¿Cuáles son los efectos en el sector real de la economía? En un plan de escenarios, las posibilidades podrían ser estas:
  • A mayor costo del dinero, menos interés en invertir en las empresas. No hay mucha diferencia, pero alguien que estuviera midiendo la viabilidad de un nuevo negocio que estaba en el borde de su TIR aceptable, podría tener que hacer un riguroso análisis de sensibilidad y plantearse no hacer la inversión.
  • Una baja en las utilidades, al incrementarse el costo financiero. Otra vez, dependerá de cada caso. Empresas como Phillips Morris, Apple o Starbucks con utilidades en el orden de 30% sobre su capital contable, escasamente lo notarán. Empresas como Amazon, que en sus mejores trimestres ha tenido utilidades de menos de 1% sobre su capital, si se verán afectadas
  • Para algunos inversionistas particularmente adversos al riesgo verán interesante comprar bonos del tesoro de EEUU. Si esos bonos estaban dando 2.55% anual a 20 años, ahora darán 2.80% al mismo plazo, o un poco más, dependiendo de las necesidades del Gobierno de EEUU. Eso podría reducir un poco el dinero disponible para invertir en Bolsa, pero al ver que el aumento de tasas fue muy pequeño, inversionistas que sacaron su dinero de la Bolsa podrían regresar.
  • Un posible aumento de la inflación, moderado según espera la Reserva Federal. Lo cual, si no se sale de control, podría estimular un poco las compras, adelantando algunas antes de que la inflación encarezca lo que se va a comprar.
  •  El mayor costo del dinero podría estimular el lanzamiento de acciones en Bolsa, para financiar el crecimiento de las empresas.

Todo esto es teoría. A esto habrá que agregar los imprevisibles, las expectativas, los miedos y otros factores más.

En mi opinión, y no soy economista para afirmarlo, es posiblemente un intento, que pudiera ser el último, de tratar de administrar la economía mediante medidas financieras y monetarias. Japón lleva décadas con intereses muy bajos y esto no les ha ayudado a reactivar su economía. Europa ha hecho lo mismo, y tampoco se ven resultados espectaculares. Incluso con tasas de referencia negativas (cobrando a los depositantes en vez de pagarles intereses) no se ve una mejora.

Parecería que se requiere otro enfoque. Desarrollar nuevos mercados, dándoles apoyo a los países pobres. Pero de a de veras: los resultados de la ayuda al desarrollo a esos países han servido para enriquecer a las minorías poderosas en esos países más que a mejorar problemas de fondo.  

Resolver el invierno demográfico permitiendo inmigrantes en los países envejecidos o escasamente poblados. Como hizo EEUU en el siglo XIX, como intenta hacer Canadá, como hace Australia. Así  mejoraron Suecia, Irlanda e Italia cuando aliviaron su situación de pobreza mediante las grandes emigraciones. Como, de hecho, lo hace México: imagínese nada más a nuestro campo, empobrecido y con escasas oportunidades, que tiene actualmente aproximadamente 24 millones de habitantes y que tuviera los otros 10 millones que han emigrado a EEUU. Sería una situación de hambruna gravísima. Y que además no recibieran anualmente algo como 25,000 millones de dólares en remesas familiares, como 1000 dólares per cápita o 200 salarios mínimos per cápita al año.

Ojalá tengan efecto estas medidas. La propia Reserva Federal dijo que la medida es flexible y que están preparados para modificarla, si se requiere. Algunos expertos dicen que la tasa normal de referencia debería de ser de 2% anual. O sea que, aún con los incrementos actuales, están muy lejos de ese nivel. Claramente hay que hacer algo diferente. Hacer lo mismo que lo que se ha venido haciendo desde 2006-2007 dará, muy probablemente, el mismo resultado de crecimientos mediocres que hay actualmente en la economía mundial.



14 de septiembre de 2015

Y, ¿Qué pasa con China?


Debo decir de entrada la verdad: No sé. Y, realmente, dudo que muchos de los “especialistas” sepan algo tampoco. No por el tradicional misterio que envuelve a China y a los  chinos, sino por algo mucho más mundano: porque los países socialistas de cuño soviético (China, Korea del Norte, Cuba y, aún en buena parte Rusia) mienten sistemáticamente sobre su desempeño económico y sus datos no son confiables. Antes de la debacle de la órbita soviética, se suponía que Rusia tenía un PIB casi igual que el de EEUU y que el de Alemania Oriental era muy similar, en términos per cápita, al de Alemania Occidental. Estuvieron mintiendo sistemáticamente por décadas a los organismos de la ONU, al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y a cuantos estuvieron dispuestos a escucharlos. Por razones propagandísticas. Después se supo que la Unión Soviética había inflado sus cifras por más de un 50% y Alemania Oriental por más del doble.

¿Qué garantía tenemos de que China y su Partido Comunista, no nos han estado mintiendo hablando de crecimientos de doble dígito, por décadas y de que ahora estén creciendo como Europa o menos? Realmente, ninguna. De modo que los “expertos”, sin fuentes confiables, juegan a la fantasía, basados en datos de quienes tienen motivo para seguir atrayendo capitales e inversionistas de bolsa para mantener su economía en crecimiento.

¿Por qué, entonces, meterme en este berenjenal? Estrictamente, porque clientes y amigos me han pedido una opinión. Y exactamente es eso lo que haré. Un filósofo al que estimo mucho me dijo una vez: “una opinión es una aseveración que se hace con temor a equivocarse”. Le creo y es en ese modo como doy aquí mi opinión sobre China. La información es pobre y con altas probabilidades de estar manipulada. Con esas reservas, esto es lo que pienso.

Permítanme un poco de contexto. Hasta 1997, China tenía poca relevancia en la economía mundial. En esa época, sin embargo, absorbe a Hong Kong, con 7 millones de habitantes, pero con un PIB per cápita superior al de la mayoría de los países de Europa. Por otro lado, se hablaba de la Gran China: China continental, Hong Kong, Taiwán y Singapur, todos ellos países de cultura  china. Con ellos, más la “diáspora” china, con grandes comunidades en Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia y muchos países más, forman en conjunto la economía más grande del mundo.

Después de años de hablar de la “Cuenca del Pacífico”, viene la absorción de Hong Kong, y la declaración de Deng Xiao Ping de “un país, dos sistemas”, es decir, la promesa de que en una parte del país habría algunas libertades económicas. Tanto Hong Kong como Singapur ya no tienen materialmente espacios importantes para crecer, de manera que la zona de Shanghái  empieza a crecer  rápidamente. En la “Cuenca del Pacífico”, los Estados Unidos son el “factótum”, el que mueve las cosas, como dijo en su momento Luis Rubio. A los EEUU le conviene, después del fin de la Guerra Fría, apoyar al país comunista más grande del mundo para que sea más próspero. A la vez, los altos costos de su mano de obra hacen atractivo a las empresas norteamericanas hacer “outsourcing “, es decir, maquila de ensamble electrónico, confección, calzado, muebles y otros productos intensivos en mano de obra. A los europeos, con mano de obra aún más cara  y una población más envejecida, les parece buena la idea y prefieren tener un alto desempleo que tratar de producir con mano de obra europea cara y dejar de ser competitivos.

De manera que se juntan varias cosas: un mercado ávido de servicios de maquila, dinero para invertir, apoyo técnico de americanos y europeos, un suministro casi inagotable de mano de obra barata y, con ese caldo de cultivo, la economía china crece a tasas muy elevadas. Japón, que en esa época inicia su estancamiento, empieza a maquilar algo en China y, por otro lado, no le compite.

Diez años después, inicia la crisis del 2007, que no ha acabado de resolverse. China, que en 2007 creció a más de 14%, en 2012 ya crecía al 7% y este año le irá bien si sobrepasa el 4%. Que no está mal; ya lo quisiéramos los mexicanos para un día de fiesta. Y los pronósticos son de que no pase de 5.5% en los próximos cinco años y se quede alrededor de 3.5% anual en 2020-2025, de acuerdo con el prestigiado “The Conference Board”. Pero hay más: algunos expertos se cuestionan porqué en los últimos años China creció su consumo de petróleo y energía en general a tasas como de la mitad del crecimiento de la economía. O está ocurriendo un milagro o alguien está mintiendo.

Al parecer, lo que ha estado pasando es que el gobierno chino ha estado interviniendo de varias maneras en la economía. Se dice que están construyendo grandes carreteras que no conectan a zonas que lo requieran, se habla de construcción masiva de departamentos que nadie ocupa, obras que generan empleo temporalmente, pero que no sostienen el crecimiento económico a largo plazo. Devalúa su moneda, lo que les permite vender mejor afuera de China así como desincentivar las importaciones. Pero no han actuado para abrir la mayor parte de la economía, y no han hecho reformas importantes en las empresas del gobierno. Falta mucho para que la economía china sea realmente abierta. Hoy, el crecimiento económico y la prosperidad ocurre en las llamadas “zonas económicas especiales” ¿Qué ocurre en el resto de China? No es claro.

Esto, por supuesto, se refleja en su bolsa de valores, que ha perdido fuertemente en los últimos meses. Mala noticia: el financiamiento que ofrecen las bolsas es imprescindible para el crecimiento de la economía china. Pero, si los índices de la bolsa bajan, quiere decir que hay más personas tratando de vender acciones que personas comprándolas. Y eso indica falta de confianza de los inversores.

A largo plazo, la situación es incierta. China tiene una población envejecida, donde  más del 50% tiene más de 43 años de edad (México, por ejemplo, tiene 50% con más de 27 años) y su fertilidad por mujer en edad de tener familia es de 1.5, menor de la tasa de reposición de la población. Todo ello, gracias a la política de “un solo hijo”, instaurada por Mao. Es la primera economía del mundo, pero en PIB per cápita es la número 78 con casi 7,600 dólares anuales per cápita en 2014 (México en ese año tuvo más de 10,300 dólares anuales per cápita y es la número 62), según datos del Banco Mundial
¿Qué podría pasar? Ya lo dije: no sé. Pero, si China liberaliza más su economía tiene un enorme mercado interno donde puede llegar a crecer  casi sin término. Si no  cambia el modelo, su salida es seguir devaluando su moneda para ser más barato y competitivo. Si la economía mundial sigue estancada, China encontrará difícil encontrar nuevos mercados. Tanto Estados Unidos como Europa están encontrando que los costos de logística y de supervisión de la producción en China son elevados y difíciles de reducir, por lo que se habla de la producción “Next Shore”, en países cercanos donde los costos de logística y de supervisión sean bajos. Malo para China: se verá forzada a devaluar más su moneda y a hacer  “dumping”. Hasta que los países que son sus clientes empiecen a ponerles sanciones.


Y ¿cuáles son las consecuencias para México? En el mejor escenario, un mercado muy importante. Lo dudoso es si estamos preparados para atenderlo. En el peor caso, una competencia muy dura que nos quitará posibilidades a productores que atienden el mercado interno y la exportación. Y, en ambos casos, la necesidad de mejorar mucho muestra capacidad y productividad.